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martes, 2 de marzo de 2021

Cuando menos te lo esperas

Todos pasamos malas épocas, momentos en los que parece que todo nos viene grande, nada bueno puede suceder o ya no se puede tocar más fondo. A veces son percepciones algo exageradas, influenciadas por el estado de ánimo en que nos encontremos en ese preciso momento. Cuando cometemos errores en la vida y se encadenan con días de mala suerte, pensamos que una especie de justicia "divina" está haciendo de las suyas y que pagamos justos por pecadores. Pero también hay etapas en las que, a pesar de esos errores o malos momentos vividos, también es más fácil salir de ese "fango". 

Y es que la vida nos pone en nuestro camino a personas que, pensábamos, ya no iban a estar más ahí. O simplemente no esperábamos volver a tener una relación con ellas. Pues bien, en el momento actual en el que me encuentro, sea por la ilusión del piso o sea por nuevos retos en lo laboral, eso, de alguna manera me ha venido bien para sonreir a la vida y esperar a que esta me sonría, en vez de amargarme por los problemas que me surgen y enterrarme en un pozo sin fondo.

Esas personas que iluminan nuestro camino están ahí, aunque no estemos a diario en contacto con ellas, existen. Sólo hace falta encontrar el momento y la manera adecuada de recuperar ese contacto. En mi caso, llamémoslo el destino o como se quiera. A raíz de encontrarme con otra persona que hacía tiempo que no veía, se dio la "carambola" de que me encontré también con ella, hacía mucho tiempo que no nos veíamos en persona y mucho menos quedar. Pero tan solo me hizo falta notar su mirada y su gesto lanzándome ese beso al aire desde su coche para saber que sí, que ahora si era el momento idóneo. Simplemente hay ocasiones en las que no se dan las condiciones o ninguna de las dos personas está en un buen momento como para retomar una relación. Aunque en el fondo se sepa que esa persona aún se acuerda de ti o que en algún momento piensa en ti, pero ya no es lo mismo. Pero uno se siente reconfortado cuando el encuentro en persona, cara a cara, vuelve a surgir y parece como si se hubiese mantenido el contacto a diario. 

Porque no importa tanto a veces la constancia o la regularidad con la que hablamos con las personas, sino más bien, la calidad más que la cantidad. Es decir, vale más alguien que aunque la veamos una vez a la semana, al mes o al año, tan solo ese momento ya merece mucho más la pena que miles de mensajes, llamadas o encuentros con cualquier otra persona. 

Y ella lo vale. Yo pensé que no merecería la pena la espera, el aguardar el momento indicado para retomar el contacto, pero me equivocaba. Algo volvió a removerse dentro de mí el día 8 de Febrero cuando nos volvimos a encontrar. No sabría describirlo, solo se que ella ha iluminado mi camino ya en varias ocasiones, por hacerme ver cosas y ofrecerme enseñanzas, a veces sin ella saberlo, que me han servido de mucho. Lo que esta persona me inspira, no lo he encontrado nunca en ninguna otra y además existe la diferencia respecto a hace dos años cuando nos conocimos de que, tengo las cosas claras en mi mente, vivo una etapa de madurez que me permite ver mis errores del pasado, aprender de ellos y dar lo que recibo. Además de no tener miedo a confesarle en todo momento lo que pienso de ella. 

He aprendido a ser más paciente, a ofrecer amabilidad a quien me la ofrece, saber valorar a las personas que te muestran su afecto de una u otra forma y ver el lado bueno de las cosas porque la vida si la afrontas con esa perspectiva, solo así, tienes más probabilidades de que te sea devuelto de la misma manera. Y ella es una de las personas que en las pocas ocasiones en que nos hemos visto, más me ha hecho ver claro cual es el camino a seguir. 

Espero haber estado a la altura no solo con estas palabras si no también con mis actos y que en el presente y en el futuro podamos mantener esto que ahora tenemos, pase lo que pase. Y llámese esto como se llame.