
Un día de verano, allá por el año 2003, estaba yo tan tranquilo en mi casa, y de repente dije voy a poner el mantel en la mesa, total que yo voy tan tranquilo, no me entero de nada, vuelvo a por los cubiertos y en esto que me miro a la estantería y digo pero ¡ que cojones ! ¡ un loro tu !. Si así es, había entrado un loro a mi comedor, total que llamo a mi madre mira corre un loro, se ríe la tía y dice pues cierra la puerta, y lo sacamos por la ventana, pero antes de eso yo ya había cerrado la ventana... Total que luego desde la terraza no podía abrir la ventana y esperábamos a que llegara mi padre para sacarlo. Yo además había quedado con mis amigos y llevaba prisa, la verdad que el loro era muy bonito, y no paraba de decir: - ¡ Felipee !. Esta historia o anécdota la contamos mil veces días mas tarde y aun cuando la recuerdo me parto de risa. El caso es que resulta que aquellos días se había perdido un loro, que respondía a ese nombre precisamente, el de Felpe, y ofrecían recompensa por darlo a su dueño, en fin no lo sabíamos de haberlo sabido ....

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