Nos insisten y nos educan en el optimismo y en él: "no pasa nada todo llega en esta vida" pero ¿y cuando no llega? ¿como es capaz el cerebro de soportar cierta carga emocional o psicológica cuando ya no tiene con que distraerse? o mejor dicho, cuando esas distracciones son ya en cierto modo también parte de otra rutina. En que momento nuestra mente se hace mayor y comienza a preocuparse por el futuro. Envidio a la gente que sabe abstraerse y sabe que hay que restarle importancia a las cosas que no la tienen y que saber mantener la calma o mantener cierto conoformismo ante algunas situaciones y simplemente confiar en una buena suerte de azar o de optimismo general, pero yo por desgracia a pesar de los años de experiencias y de vivencias que te curten en los rasgos que al final o acentúan tu forma de ser o definen tu personalidad, no consigo cambiar mi base, no se avanzar, es como si me hubiese quedado anclado en el pasado y siempre reviviesen los mismos fantasmas, algunos de estos, a fin de cuentas, no completamente negativos pero si en cierto modo peligrosos, como la soledad, tan necesaria como prescindible.
Y al final otra vez te vuelves a replantear las cosas que has hecho, si elegiste bien o mal, si tomaste el camino correcto y piensas en si eres capaz de cambiar todavía ese trayecto del destino, que al final en un gran porcentaje depende solo de uno mismo. El verano termina mañana y no solo se cierra la estación, también una etapa desgastada y que necesita de cambios en mi vida, mi espíritu luchador (si todavía queda algo de él) lo pide a gritos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario