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miércoles, 21 de septiembre de 2016

No one told you when to run, you missed the starting gun.

Como dice esa parte de la canción de Pink Floyd, nadie te dijo cuando correr, te perdiste el disparo de salida. Y es que conforme van pasando los días más te vas dando cuenta de lo rápido que pasa el tiempo, no se si es el estar ya más cerca de los 30 que de los 20 (estos malditos 26 años), el exceso de tiempo libre para pensar, como tantas otras veces, o el no encontrar esa dichosa estabilidad emocional. Mi mente seria digno de estudio desde luego. Cada año como si de una añoranza un tanto contradictoria se tratara, llega Septiembre y siempre esa misma sensación de evaluar, analizar el verano y pensar en una posible nueva etapa y en que nos deparará esta. La influencia inconsciente en nuestra mente de la etapa escolar, digo yo. Siempre acaba llegando ese momento en que nuestro cerebro ante la falta de algo estable (y entiéndase estable como algo más bien rutinario, ocupar el tiempo en lo que la sociedad llama ser útil) véase un trabajo, estar estudiando, etc, vuelve sobre sus pasos y como si de un dejavu se tratase, vuelven los viejos miedos, las mismas inseguridades, ese bajón moral, que al menos yo si suelo tener. 

Nos insisten y nos educan en el optimismo y en él: "no pasa nada todo llega en esta vida" pero ¿y cuando no llega? ¿como es capaz el cerebro de soportar cierta carga emocional o psicológica cuando ya no tiene con que distraerse? o mejor dicho, cuando esas distracciones son ya en cierto modo también parte de otra rutina. En que momento nuestra mente se hace mayor y comienza a preocuparse por el futuro. Envidio a la gente que sabe abstraerse y sabe que hay que restarle importancia a las cosas que no la tienen y que saber mantener la calma o mantener cierto conoformismo ante algunas situaciones y simplemente confiar en una buena suerte de azar o de optimismo general, pero yo por desgracia a pesar de los años de experiencias y de vivencias que te curten en los rasgos que al final o acentúan tu forma de ser o definen tu personalidad, no consigo cambiar mi base, no se avanzar, es como si me hubiese quedado anclado en el pasado y siempre reviviesen los mismos fantasmas, algunos de estos, a fin de cuentas, no completamente negativos pero si en cierto modo peligrosos, como la soledad, tan necesaria como prescindible.

Y al final otra vez te vuelves a replantear las cosas que has hecho, si elegiste bien o mal, si tomaste el camino correcto y piensas en si eres capaz de cambiar todavía ese trayecto del destino, que al final en un gran porcentaje depende solo de uno mismo. El verano termina mañana y no solo se cierra la estación, también una etapa desgastada y que necesita de cambios en mi vida, mi espíritu luchador (si todavía queda algo de él) lo pide a gritos.

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