El tiempo hace mella en nosotros, aunque a veces lo mejor que nos puede suceder es su paso inexorable ante nuestros ojos. Por una parte a todos nos da miedo el paso del tiempo. Cuando alcanzamos cierta edad nos parece que este pasa muy deprisa o quizás es que simplemente hemos alcanzado cierto punto en que hemos aprendido a convivir con la realidad.
Todos atravesamos ciertos momentos difíciles en la vida, etapas que se nos atragantan como una miga de pan en el esófago cuando no quiere avanzar. De nosotros depende el quedarnos anclados en el mismo puerto durante meses, años, lustros ... o zarpar, aprender de nuestros errores y de las piedras que la vida pone en nuestro camino.
¿Qué es la madurez? Se preguntan muchas personas. Pues bien, yo creo que la madurez es cuando alcanzas cierto momento de tu vida en que te das cuenta de que todo no gira entorno a ti, que muestras verdadera preocupación por los demás y cuando no te tomas todo lo malo que te sucede en la vida como si fuese una especie de complot astral hacia tu persona. A todos nos pasan cosas negativas a lo largo de nuestra vida, en mayor o menor medida. Nadie debe olvidar sus penas, ni hacer de la de los demás menos que las suyas, hay que tener empatía. Pero una cosa no quita la otra. Avanzar y madurar tampoco nos tiene que hacer abandonar nuestra forma de ser, ha de ser una adaptación al medio, pero no una resignación y mirar hacia otro lado.
Todo tiene su término medio y con los años creo que lo voy encontrando. Aprendo a lidiar con las situaciones, a tratar con cada persona, con cada compañero/a de trabajo, busco mi felicidad pero sin egoismo ni dejando de lado a quienes verdaderamente me importan. Quizás a veces en ser tajante y claro la gente encuentra en mi persona otros defectos que no son tales, pero es el precio de la transparencia y la sinceridad, también de los errores cometidos pese a aplicar la racionalidad en la mayor medida de lo posible, que no puedes pedir más de lo que tu das.
Uno intenta no engañar a nadie, dar lo que recibe y no hacer daño a las personas que le rodean, aunque a veces las circunstancias nos hacen omitir o poner de relieve cosas de nuestra personalidad que creíamos ocultas o directamente que no conocíamos. Pero así es la vida, a veces por la pura supervicencia y la falta de comprensión de los demás hacia nosotros, el individualismo creciente en esta sociedad y esa falta de empatía hacia el débil que nos ha ido generando este sistema de manera endémica, nos convertimos (aunque solo sea en pequeños momentos o bajo presión de grupo y por esa pura supervivencia) en algo que nosotros mismos odiamos.
Y con todo eso se aprende a convivir bajo la madurez. Con las contradicciones, las situaciones que cuando eres más joven te abruman, la hipocresía de esta sociedad, la falta de valores, la normalización de ciertas situaciones laborales que no son tal, el invididualismo creciente, la falta de reflexión y el no parar a pensar en las cosas más reales, etc.
Presente y futuro no se si tenemos ni tendremos, pero uno debe adaptarse a pesar de todo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario